Against the odds: Saadia Popelnik.

A sus 71 años, la historia deportiva de Saadia Popelink no comenzó en un box de CrossFit ni en un gimnasio. Comenzó siendo una niña, de la mano de su padre, quien la llevaba al gimnasio donde él entrenaba, el de Roberto Santana. Mientras esperaba, observaba fascinada a los hombres levantar pesas. Recuerda que, con la inocencia propia de la niñez, le decía a su papá: "Algún día yo voy a hacer eso".
Desde muy pequeña el movimiento formó parte de su vida. Entre los cinco y los nueve años practicó natación competitiva y, paralelamente, estudió ballet hasta los once. Más adelante, entre los doce y los diecisiete años, encontró otra pasión en el flamenco, participando en clases, presentaciones teatrales y eventos televisivos.
A los 19 años, recién graduada de la universidad, tomó una decisión que marcaría su independencia: mudarse a Boston. Mientras trabajaba, mantenía una rutina constante de entrenamiento en gimnasios tradicionales y dedicaba los fines de semana a correr. Así, pasó toda su infancia, adolescencia y juventud manteniéndose activa.

En 2014, con 59 años, seguía buscando una disciplina diferente, aunque todavía no sabía cuál. Un día, mientras estaba detenida en un tapón de la avenida Baldorioty de Castro, vio un enorme billboard donde aparecía una atleta colgando de unas anillas. Debajo había una frase que llamó toda su atención: "This could be you".
El anuncio pertenecía a CrossFit Monolith, en Carolina. Decidió llamar, asistir a la clase gratuita y, desde ese momento, quedó completamente enamorada del CrossFit. Allí conoció a quienes serían parte fundamental de su camino: René Aponte, quien era el head coach en ese momento, junto a Ernesto Vélez, Luis "Chamo" Vivas, Adrián Reyes y AJ Ramos.
Cuatro meses después de haber iniciado, en agosto de 2014, su coach de entonces la sorprendió con una propuesta inesperada. Ese día no realizaría la clase habitual.

Saadia no tenía idea de lo que representaba el Open. Simplemente aceptó el reto.
Al terminar el entrenamiento, el Coach René observó su tiempo y le hizo una sola pregunta:
—¿Cuándo cumples 60?
—En enero —respondió.
Entonces él le dijo:
—Tú vas para el Open en la categoría Master 60.
Ella simplemente contestó:
—OK.
Ese "OK" terminó cambiando el rumbo de su vida deportiva.
En 2015 participó en su primer Open oficial y logró clasificar a los Quarterfinals. A partir de ese momento no quiso detenerse. Año tras año volvió a competir en el Open, alcanzando nuevamente los Quarterfinals en cada ocasión, con la excepción de 2019, cuando decidió tomarse un descanso.
Fue precisamente durante ese tiempo que nació una nueva meta: clasificar algún día a los CrossFit Games. Con ese objetivo en mente, viajó como voluntaria a los Games de Madison, Wisconsin, en 2017 y 2018, además de colaborar en las semifinales celebradas en Nueva York en 2017. Allí tuvo la oportunidad de conocer a atletas como Rich Froning, Sam Briggs, Mat Fraser, Tia-Clair Toomey y Patrick Vellner.
Pero hubo algo que la impactó todavía más. Conoció a las mujeres de su misma categoría que ya competían en los Games y pensó para sí misma: "Quiero estar ahí, compitiendo junto a ellas." Y ese sueño finalmente se hizo realidad. No ocurrió a los 65 años, como inicialmente había imaginado. Ocurrió a los 66 años, en 2021.

Un sueño cumplido.
En 2022 decidió competir en CrossFit Beetle, aun cuando no existía una categoría para su edad. Fue Emanuel Aponte quien la animó a participar en Beginner. Sabía que competiría contra atletas mucho más jóvenes, por lo que decidió establecer objetivos completamente realistas. No terminar última. Completar todos los eventos. No recibir un solo No Rep. Cumplió los tres.
Ese mismo año logró clasificar al Campeonato Mundial de la International Functional Fitness Federation (IF3) en Budapest junto a Guillo y Emily A. Sin embargo, poco después de Beetle sufrió el desgarre de dos tendones del hombro, lesión que le impidió viajar a Hungría. Aunque no pudo competir, conserva con orgullo el haber alcanzado la clasificación.
Después de dos años sin competir, dedicados completamente a fortalecer sus hombros, regresó en 2025 para participar nuevamente en el Open. Ese año ocurrió algo histórico. Por primera vez, CrossFit creó una categoría de semifinales para atletas Master de 70 años. Saadia clasificó. Terminó en la posición número 12 del mundo. Parecía el comienzo de una nueva etapa. Pero apenas dos meses después de las semifinales, su vida volvió a cambiar.

Mientras continuaba entrenando en una etapa de descarga y trabajando técnica y fuerza, comenzaron a ocurrir episodios extraños. En dos ocasiones distintas, durante junio de 2025, su pierna derecha simplemente dejó de responder mientras caminaba. Al día siguiente todo parecía normal. Pensó que era algo pasajero.
Hasta que una mañana, entre el 27 y el 30 de junio, intentó levantarse de la cama y no pudo. Era como si alguien sujetara su cuerpo desde la cintura hacia arriba.
No podía caminar.
No podía incorporarse.
No podía doblarse.
No podía levantar la espalda.
Pasó cuatro días completamente inmovilizada en su cama, con un dolor intenso.
Fue entonces cuando entendió que algo serio estaba ocurriendo. Su doctora ordenó un MRI. El diagnóstico fue devastador. Nunca había padecido una enfermedad importante ni tomaba medicamentos. El estudio reveló una condición genética y degenerativa que afectaba su columna lumbar.
Presentaba estenosis a lo largo del canal espinal completo, deshidratación de todos los discos intervertebrales, afectación de los discos entre L2 y S1 —incluyendo hernias, protrusiones y abultamientos—, deslizamiento de una vértebra sobre otra y una desviación de la columna con forma de "L". Todo ello provocaba dolor lumbar severo, calambres en las piernas, debilidad, dificultad para caminar, pérdida de movilidad en la pierna derecha y problemas para subir escaleras.
En ese momento sintió que el mundo se detenía. Vivía sola, en una casa de dos niveles y en una finca de una cuerda. No sabía cómo enfrentaría esa nueva realidad. Lejos de rendirse, comenzó a investigar cada una de sus condiciones. Consultó a cuatro neurocirujanos, estudió alternativas, buscó ejercicios y compartió todo el proceso con su coach.
El 1 de julio tomó una decisión difícil: sustituir temporalmente el entrenamiento de por un programa de bodybuilding, eliminando todos los movimientos de impacto. Al mismo tiempo comenzó clases privadas de pilates y completó 32 sesiones de terapia acuática, ambas recomendadas por dos de los especialistas.
Los resultados comenzaron a aparecer.
En apenas 45 días volvió a caminar y pudo subir escaleras nuevamente. Aunque todavía tenía una importante limitación en la cadera izquierda que afectaba actividades tan simples como sentarse, vestirse, doblarse o incluso comer —muchas veces tenía que hacerlo de pie—, nunca dejó de repetirse que saldría adelante.
Amaba demasiado el deporte, su comunidad y a sus perros como para rendirse.
Durante la evaluación inicial de terapia acuática descubrieron una diferencia de 15 grados en la rotación externa de la cadera izquierda respecto a la derecha. Después de las 32 sesiones esa diferencia se redujo a apenas 0.3 grados. También aprendió a modificar completamente su postura, la forma de sentarse, de acostarse, de caminar e incluso la manera de pensar cada movimiento de su cuerpo.

Los cuatro neurocirujanos coincidieron en una misma conclusión.
Le dijeron que, si no hubiera llevado una vida activa, con buena alimentación y décadas de entrenamiento constante, probablemente esa condición habría manifestado sus consecuencias veinte años antes y existía una alta posibilidad de que hubiera terminado utilizando una silla de ruedas.
Dos de ellos incluso señalaron que su mayor problema no era la espalda, sino las caderas, y ambos coincidieron en que tenía posibilidades reales de volver a practicar CrossFit® e incluso competir nuevamente.
Hoy, un año después de aquel diagnóstico, Saadia ya ha recuperado movimientos que parecían imposibles. Ha vuelto a realizar kipping pull-ups, power cleans desde debajo de la rodilla utilizando el rack, single unders, wall balls, burpees caminados, además de remar, esquiar y utilizar la bicicleta, actividades que durante un tiempo no pudo hacer.

Todo ese progreso lo logró sin bloqueos, sin cirugías y sin medicamentos. Su recuperación ha estado basada en tres principios que considera fundamentales: entrenar, alimentarse correctamente y descansar. Para ella, la gran lección es clara. Entrenar no garantiza que una condición inesperada nunca llegue. El cuerpo puede cambiar de un día para otro.
Lo que sí hace el entrenamiento es ofrecer más herramientas para recuperarse, adaptarse y volver a hacer aquello que parecía perdido. Un año después de descubrir su condición, continúa trabajando para fortalecerse con un solo objetivo: regresar plenamente al deporte que tanto ama y volver a competir.

Su historia no solo trata de deporte. Trata de resiliencia, disciplina y de la decisión consciente de seguir adelante, incluso cuando el cuerpo obliga a cambiar de rumbo. Porque, para Saadia Popelink, hay una convicción que sigue intacta:
Keep moving.
Créditos a:
Saadia Popelnik por su autobiografía la cual fue interpretada libre y artísticamente por la fotógrafa.
Location: OPEX SAN JUAN | (787) 726-0107
COACH: Ernesto Vélez
Colaboración especial con: Diana C. Arniella- Vega | Coach Di.
Fotografía y producción : Adamaris Aponte- Cuadrado | 787-421-5322
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